mamalibre

Dando la Gran Noticia

Hace ya una semana que le di la gran noticia a mi madre y a mi “suegra”.

A mi me hubiera gustado esperar a las 12 semanas más o menos para contarlo a la familia y a los amigos, por lo que pudiera pasar. Sólo se lo dije a mi amiga más íntima, que se puso a dar saltos de alegría (jajaja, yo aún no me lo creía, pero ella hizo que me lo terminara de creer y sintiera alegría). Después de hablarlo pensamos que era mejor contarlo ahora, aprovechando el viaje al pueblo y contárselo a la familia de mi pareja. Así qué antes de irnos se lo dijimos a mi madre, que se lo tomó muy bien, nos dio la enhorabuena y nos dijo que la hacíamos cada vez más vieja con tantos nietos (xD)

Durante el viaje nos dividimos en dos coches y yo fui con mi hija y mi “suegra” en uno de los coches. En el trayecto no tuve más remedio que contarle que estaba embarazada. No recuerdo al pie de la letra todo lo que me dijo, sólo diré que a día de hoy aún no nos ha dado la enhorabuena y que al parecer estamos tirando nuestra vida.

No lloré porque estábamos mi hija y yo solas con ella y porque me pasé en shock el resto del viaje. Aún me siento muy deprimida y enfadada por sus comentarios. No quiero ser la típica chica que no soporta a la madre de su novio y que pone problemas con la familia política, pero deseo (que no lo haré) que se vaya a tomar por culo y no volverla a ver ni que ella vea a sus nietos, si tan arruina vidas son.

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Recorriendo de nuevo el camino

Ya tengo cita para mañana con la matrona y estoy un poco nerviosa. Comienzo un nuevo embarazo en una ciudad diferente al anterior y no puedo evitar preguntarme qué diferencias encontraré.
Sé qué el trato no va a ser el mismo. El ginecólogo de aquí es un borde, no te suelen dar imágenes de las ecografías y todo se hace más rápido y con menos amabilidad.

Estando en la cama no he podido dejar de acordarme del principio de mi primer embarazo. Aquella primera visita a la matrona; cuando aún no sabíamos qué hacer, los nervios que pasé. Recuerdo que me sentía juzgada a todas horas por mi edad (que siempre he aparentado mucha menos de la que en realidad tengo) y no podía dejar de imaginar los pensamientos de la gente que me miraba de esa forma…
Creo que ahora no va a ser para nada igual. Estoy orgullosa, me siento resplandecer. Sé que puedo cuidar de este bebé igual que cuido al que ahora duerme junto a mi. Que podemos mantenerlo y que esté seguro con nosotros, que sea feliz con nuestra pequeña familia.

El ejemplo perfecto: hoy, en la farmacia del barrio, esa que todo el mundo tiene en el que le conocen y están al día de cada uno de sus gripazos, hemos ido a comprar ácido fólico para empezar a tomarlo y la farmacéutica nos ha felicitado y yo no me he avergonzado. No he dudado al decir que estaba embarazada. Es más, lo he dicho sonriendo.

Serán las hormonas las que hablen, pero tengo ganas de gritarlo por la ventana.

Mañana, a las 10:10 de la mañana comenzaremos de nuevo a recorrer el camino de una segunda maternidad. Y no me avergüenzo. Tengo 26 años y este es mi segundo embarazo.

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Sra de Díaz

Buscando mi lugar